
Entrevistamos al Dr. Alejandro Díaz-Moscoso, líder de uno de los Proyectos galardonados en la 2ª edición de las Ayudas a la Investigación Científica de Fundación La Colmena.
Desde el CSIC, lidera el proyecto FOTOGEN, centrado en el diseño de nuevos sistemas moleculares capaces de transportar material genético al interior de las células y activar su efecto terapéutico mediante luz, abriendo nuevas posibilidades en el tratamiento de tumores sólidos.
En esta entrevista, nos habla de su trayectoria, los retos actuales en el desarrollo de terapias avanzadas y el potencial de combinar distintas estrategias para mejorar la eficacia de los tratamientos contra el cáncer.
1. ¿Qué te llevó a dedicarte al mundo de la investigación científica?
Me gusta observar el mundo que nos rodea y comprender cómo funciona la Naturaleza. En la educación secundaria me gustaban especialmente las asignaturas de ciencias, y aquello de diseñar experimentos para probar teorías que explicaran el funcionamiento del mundo me parecía algo muy interesante. Concretamente, encontré un punto entre la química y la biología que me resultó particularmente atractivo, porque me permitía aunar mi curiosidad científica con mi afición por el modelismo y los juegos de construcción. La química me ofrecía la posibilidad de diseñar y “construir” cosas (moléculas) capaces de interaccionar de forma específica en un entorno biológico, y analizar los resultados para entender mejor los procesos naturales. No es un trabajo sencillo, pero sí uno al que podría dedicar muchas horas sin aburrirme. Y, dado que el trabajo es algo que ocupará gran parte de nuestra vida, creo que es beneficioso que sea algo que nos mantenga ilusionados. Por eso puse todo mi empeño y esfuerzo en poder dedicarme a la investigación científica en mi tierra. Que tampoco es una meta fácil.
2. ¿Qué áreas de la ciencia o la investigación te apasionan más y qué proyectos destacas de tu trayectoria hasta ahora?
Son muchas las áreas científicas que me resultan muy interesantes, desde la astronomía a la ecología, pasando por la geometría. Durante mis primeros años de escuela me atraían especialmente las “ciencias naturales”. De niño quería ser paleontólogo. Más tarde descubrí la química, que siempre he identificado como los más parecido a la magia que hay en el mundo real. Cómo mencionaba antes, encontré ese punto entre la química y la biología que me resultó especialmente llamativo. Ahí es donde se enmarca mi tesis doctoral, en la que diseñamos nuevas moléculas capaces de atrapar cadenas de ADN y protegerlas en pequeñas partículas (nanopartículas) capaces de introducirlas en células y generar proteínas terapéuticas. Posteriormente trabajé en varios centros de investigación aprendiendo a utilizar luz para controlar el comportamiento de las moléculas, que es un tema fascinante. Ahora, en el inicio de mi carrera como investigador independiente, mi objetivo es combinar ambas líneas, tratando de controlar las nanopartículas de ADN mediante luz. ¡Como si tuviese un mando a distancia para activarlas cuando y donde sea necesario!
3. ¿Podrías explicarnos en qué consiste el proyecto que has presentado y que impacto esperas que pueda generar en la lucha contra el cáncer?
El proyecto que presenté a la convocatoria de Ayudas a la Investigación Científica de la Fundación La Colmena se titula “Diseño y estudio de sistemas de transporte molecular para desarrollar terapias génicas fotodinámicas eficientes frente a tumores sólidos”, y su acrónimo es “FOTOGEN”. La idea es, en esencia, lo que comentaba antes: diseñar una versión avanzada de los sistemas que desarrollé durante mi tesis doctoral, incorporando moléculas capaces de actuar como receptores de señales luminosas y de ejecutar tareas específicas. El éxito de este proyecto permitiría obtener sistemas más eficaces para la aplicación de terapias génicas personalizadas, reduciendo a su vez los potenciales efectos secundarios. La terapia génica tiene la ventaja de adaptarse con relativa facilidad a las necesidades de cada paciente, algo especialmente relevante en el caso del cáncer, donde cada caso presenta características únicas. Si además logramos controlar la administración del tratamiento de forma externa mediante un agente seguro y preciso como la luz, podremos ofrecer alternativas terapéuticas mucho más beneficiosas que las actuales y que puedan mejorar el bienestar del paciente durante el tratamiento.
4. Sabemos que en los proyectos de investigación los esfuerzos suelen ser colectivos. ¿Puedes contarnos un poco sobre el equipo o grupo de investigación con el que trabajarás en este proyecto?
Anteriormente comenté que acabo de iniciar mi carrera como investigador independiente, por lo que no tengo un equipo estable. La mayor parte del trabajo del proyecto recaerá directamente sobre mí, con el apoyo de estudiantes que estén interesados en realizar investigación curricular (trabajos de fin de carrera, máster o prácticas externas) en el marco de este proyecto durante los próximos cursos. Los inicios siempre son exigentes, pero cuento con la inestimable ayuda y el apoyo de la gente de mi centro, el Instituto de Investigaciones Químicas, particularmente del personal de servicios generales y de los doctores Juan Manuel Benito y José Manuel García, con quienes comparto laboratorio y a los que agradezco enormemente su acogimiento y apoyo durante esta etapa. Cuento también con una estupenda red de colaboradores para el desarrollo de este proyecto, especialmente el grupo del profesor Uwe Pischel, experto en fotoquímica de la Universidad de Huelva, y el grupo de biología celular de los doctores Carlos Santos y María Victoria Cascajo en el Centro Andaluz de Biología del Desarrollo. Aglutinar conocimiento y habilidades complementarias es imprescindible para que este tipo de proyectos pueda proporcionar resultados relevantes.
5. ¿Qué crees que la sociedad debería entender sobre el papel de la investigación científica y cómo la divulgación contribuye a ese entendimiento?
La investigación científica es un proceso lento y riguroso, que requiere analizar datos con detalle, estudiar controles, evaluar distintas posibilidades y contrastar ideas para intentar comprender lo mejor posible determinados procesos y generar pequeños avances en el conocimiento que terminen cristalizando en aplicaciones con impacto real en la vida de la gente. El avance tiene que hacerse sobre conocimiento sólido. Si
intentamos avanzar rápido “sobre barro”, no llegaremos muy lejos. Esto puede ser difícil de asumir en una sociedad que se mueve a un ritmo cada vez más frenético. En la que se da por hecho que casi nadie mantendrá la atención más de cinco minutos en un mismo asunto. Que reacciona a golpe de titulares grandilocuentes. La divulgación científica puede tener distintos objetivos: democratizar conocimiento científico bien establecido, dar a conocer de forma accesible los últimos avances en un determinado campo o, algo menos habitual, trasladar a la sociedad los métodos de trabajo de la ciencia, tanto técnicos como conceptuales. Este último enfoque puede ser especialmente valioso para una mejor compresión del trabajo científico, pero también porque puede ayudar a que la ciudadanía incorpore en su día a día herramientas como contrastar información, buscar referencias o analizar el contexto para valorar la fiabilidad y utilidad de la información que recibe. Sin embargo, este tipo de divulgación está menos representada que las otras en eventos de divulgación científica, y quizás hoy en día sea tan importante, o más, que ellas.
6. Además de tu trabajo en la ciencia, ¿Qué otras actividades o aficiones disfrutas en tu tiempo libre? ¿Hay algo que te ayude a desconectar o a recargar energías para seguir con tus proyectos?
Ya he comentado que la investigación científica me apasiona tanto que podría pasar mucho tiempo enfrascado en ella. Es mi trabajo, pero también una afición. Resolver problemas o interpretar resultados inesperados puede volverse casi adictivo. Pero también es importante saber parar. La cabeza necesita descansar. Pasar tiempo con mi familia es algo prioritario, aunque con dos niños en edad infantil no suele haber lugar para la relajación y queda poco tiempo para otras actividades. Antes dedicaba tiempo al modelismo, los juegos de mesa o hacer deporte. Ahora solo intento no perderme el partidillo de futbol semanal con los amigos para liberar tensión. Pero si hay una actividad que realmente me ayuda a desconectar es la jardinería. Cuando cuido mis plantas, las riego, las arreglo, observo como van creciendo y como maduran los frutos, es el único momento en que siento que la mente se queda en blanco enfocada en las plantas y sin preocuparse de nada más. Son unos minutos de relajación muy particular que incluso me ayudan a ver cualquier situación de forma más positiva. Si no me hubiese dedicado a la investigación, creo que habría sido feliz siendo jardinero.
7. Para terminar, ¿Qué consejo le darías a quienes sueñan con dedicarse a la investigación científica?
Lo principal sería animarles a cuidar su espíritu infantil. La investigación necesita mantener la curiosidad y el entusiasmo por aprender cosas nuevas y por entender el mundo que todos tenemos en la infancia. Muchas veces la sociedad nos fuerza a desprendernos de eso, a dejarlo de lado, a renegar de nuestro pequeño yo. Quizás nos iría mejor en general si eso cambiase. Muchas profesiones se beneficiarían de una visión más honesta y limpia. La investigación científica, desde luego, es una de ellas. Y después:
trabajo, constancia y tesón. Es un camino largo y lleno de dificultades (como tantas otras profesiones), en el que es fácil fallar muchas veces antes de conseguir los objetivos. Hay que tener claro que cada tropezón debe servir para acercarte más al objetivo, no para desanimarte en el empeño.